Luego
del primer mundial de fútbol realizado en Uruguay, la FIFA designó a Italia
como sede de la segunda justa mundialista de 1934. Tras una etapa eliminatoria,
fueron dieciséis las selecciones clasificadas al torneo, entre las que
destacaba el equipo de España.
En
ese entonces Italia tenía como presidente al dictador fascista BenitoMussolini, quien aprovechó esta oportunidad para utilizar el campeonato como una herramienta
política y generar más publicidad, así como llevar su nombre por todo el mundo.
Se
dice que a Mussolini poco o nada le interesaba el fútbol, sin embargo a partir de ese momento, sorpresivamente se
convirtió en uno de los principales hinchas y fanáticos del fútbol y del mundial.
Además de hacer todo lo posible para que Italia se quede con el campeonato.
Fue
mucho el interés de Mussolini por aprovechar el campeonato, pues con la
realización del certamen buscaba calmar al pueblo italiano. El presidente
asumió toda la organización del mundial, llegando a crear un trofeo especial
para el campeón y hasta designar a los árbitros.
Uruguay,
campeona del primer mundial decidió no participar en respuesta a la negativa de Italia de
participar en su campeonato de 1930, convirtiéndose e n el único campeón que no
pudo defender su título. Otra de las selecciones que no estuvo presente
fue Inglaterra.
En
este torneo solo participaron cuatro selecciones no europeas: Argentina, Brasil,
Estados Unidos y Egipto, convirtiéndose en el primer equipo del mundo árabe en
estar presente en un mundial.
Ya
en la competencia, Italia tenía que
jugar un partido de desempate ante Estados unidos. Fue entonces en que
Mussolini encargó de darle una “manito” a su selección. Ordenó al general Giorgio Vaccaro, presidente del ComitéOlímpico Italiano a llegar a un “arreglo”
con el árbitro de dicho encuentro.
Otros
de los rumores en la historia de ese mundial dice que, Mussolini presionó a los
jugadores italianos a ganar la final, caso contrario los mandaría a ejecutar.
Al
final salió campeón Italia, aunque para muchos el título fue descaradamente
manipulado, el fervor nacionalista del pueblo italiano llegó al nivel que
Mussolini deseaba.



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